En una entrevista a EFE, Nimri confiesa que se atreve por fin con el español, algo que llevaba pensando desde hacía años -incluso había amenazado con emular a Mala Rodríguez pero desistió porque el rap no era lo suyo- y ahora reconoce, que le hacía falta “confianza y muchísimo trabajo” para hacer el salto del inglés al español.
“Soy el último primate convertido en francotirador”; así de fuerte arranca el estribillo del primer sencillo de la cantante, que da título al álbum, en el que muestra esa candidez con la que la cantante es capaz de describir ese “ente fatídico” que puede ser el amor y crear imágenes “tan claras” como “un mono con una metralleta”.
“Tus besos en mi lengua se derriten como helado, y que el sol perfore mi piel”, canta en “Fácil de romper”. Y es que lo suyo es el amor, pero no el amor de besitos y parejitas, sino un amor a lo natural y a lo extraño, algo propio del Romanticismo.
“Mis letras siempre buscan reflejar ese sentimiento de desapego de lo natural, de la lucha contra el todo y de añoranza de lo simple”, añade la cantante.
Najwa siempre ha sacado partido de la naturaleza en sus canciones, y delfines, monos, elefantes y hienas comparten protagonismo en sus letras. “Tengo marfil por costillas y en la garganta arañas”, susurra en “Me tiene que doler”.
Por eso no extraña que compare la industria discográfica con un animal extinto: “La industria es como un mamut, pesado y a punto de mutar… o morir”.
Pero Najwa Nimri no es sólo actriz y cantante, también es personaje. Eso se debe, en gran medida, a unas facciones y nombre exóticos. De hecho Najwa significa éxtasis en árabe y su voz es muy peculiar, marcada por los tonos graves y los susurros.
“Lo que me permite lo de mística y enigmática, que es un papel bastante ‘pesao’, es poder pasar de un montón de cosas y no tener que dar las gracias todo el puñetero rato ni resultar simpática”, argumenta.
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