El paso
del tiempo, y por supuesto su calidad, han convertido al
cuento gótico navideño Pesadilla
antes de Navidad en un film de culto
basado en los personajes creados por Tim Burton,
pero injustamente y a favor del autor de películas como
Eduardo Manostijeras o Ed Wood, poco se
ha publicitado que el director y creador de aquella
película, y artífice de su éxito, no es otro que Henri Selick,
autor de films como James y el melocotón gigante y la
olvidable Monkeybone, y que ahora estrena su último
trabajo Los mundos de Coraline, quizás su
mejor film y un nuevo ejemplo del
éxito que vive el cine de animación, y que demuestra que no
sólo el mundo pixar es sinónimo de calidad.
Basado en
un texto de Neil Gaiman,
al que con acierto Henri Selick se permite añadir pasajes y
personajes, cuenta la historia de una aburrida niña que se
traslada a vivir a una casa alejada en el campo con sus
ocupados padres donde descubre un mundo paralelo
aparentemente feliz donde las cosas son tal y como a ella le
gustaría.
El argumento no está contando nada nuevo y
nada que no se haya visto (la comparación con Alicia en
el país de las maravillas es inevitable), pero
apoyándose en un gran trabajo técnico, la
mejor baza del film, el resultado no deja de ser brillante a
pesar de algún bache rítmico y una acelerada resolución.
Y es que es inevitable rendirse al mágico
universo de Los mundos de Coraline, sobre todo
por lo hipnótico de su propuesta visual en un viaje donde un
mundo feliz y perfecto da paso a un auténtico film de
terror.
La nueva propuesta de Selick refresca con
dosis de originalidad una cartelera donde los buenos
títulos no abundan y se convierte en una obra recomendable
que el tiempo consagrará como algo más que un film
infantil de animación, porque eso es exactamente lo que
no es, es una película que asustará a los más pequeños
mientras que, como suele ser habitual, será el público
adulto quien más la disfrutará.