Crítica

Still Walking (Caminando)
Por J. Valer

Con una filmografía que se mueve entre diversos géneros (documental,  ciencia ficción o drama social), y casi siempre con temas como la familia y el paso del tiempo, el director japonés Kore-eda Hirokazu, cuya obra más celebre es la dura Nadie Sabe (2004), se ha convertido en uno de los referentes del nuevo cine japonés.

Still Walking (Caminando)

Con Still Walking se acerca a la comedia  a través de una historia familiar que inevitablemente puede recordar a los Cuentos de Tokio de Yasujiro Ozu, mientras en el clásico del cine japonés eran unos padres los que se trasladaban a ver a sus descendientes, en la película de Hirokazu  son unos hijos adultos los que regresan a casa de sus ancianos padres  para conmemorar la muerte del hijo mayor años atrás.

Con un estilo intimista y ágil, y con la gastronomía y su preparación como hilo narrador de la historia, estamos ante una de esas películas donde parece que no está ocurriendo nada  pero que al mismo tiempo está contando muchas cosas, y es que sin forzar ningún giro dramático en la reunión, Hirokazu hace un brillante retrato de una familia, salpicado con toques de humor, que arrastra traumas del pasado y que sigue adelante con su vida.

Still Walking (Caminando)

La película desde la sencillez de su planteamiento regala al espectador momentos memorables gracias a un inteligente guión con diálogos aparentemente cotidianos que encierran todos los secretos de la historia y a  un meticuloso trabajo de sus actores lleno de matices y detalles, destacando los veteranos Yoshio Harada y Kirin Kiki, lo que convierte  a Still Walking  en una conmovedora y bella película que homenajea a la familia y que recuerda al espectador la imposibilidad de recuperar el tiempo pasado.

 

08/06/2009
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