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La
redención del antihéroe americano
por
Videns
Al igual que ocurre con el coche que da título a la
película y se puso de moda en la década de los 60 y 70 en
E.E.U.U. - Gran Torino-, Clint Eastwood nos regala
una obra de elevadas
prestaciones y gran potencia dramática lejos del trazo
clásico y mirada sobria de su anterior film El
intercambio, de ahí que el aspecto formal de la misma
pase a un segundo plano ( pocos escenarios y una historia
mínima de gran profundidad moral).
Este
valorado coche de época, tan presente en cine y televisión (
en la serie de los setenteros policías Starsky & Hutch
), es un personaje más que adquiere
una
dimensión simbólica como metáfora de un tiempo de esplendor.
La historia se centra en un viudo
y héroe de guerra de Corea – Walt Kowalski- y las
relaciones de éste con la familia y sus vecinos hmongs
(etnia del sudeste asiático). El intento de robo de su
preciado Ford Gran Torino por el joven vecino Thao, hijo
pequeño de los vecinos, impulsa una relación cada vez más
cercana con el objetivo de hacer de éste alguien de provecho
ante la amenaza de convertirse en un pandillero más.
Clint Eastwood interpreta a Walt Kowalski entre
gruñidos y voz rota aunando a personajes de obras anteriores
como el militar inquebrantable que dice tacos ( El
Sargento de Hierro) o el justiciero ( Harry el Sucio)
para poner de relieve la capacidad de transformación del ser
humano en un plano social en el que convive lo tradicional (
el maestro devenido de la experiencia veterana de Kowalski y
la juventud de Thao) frente a lo contemporáneo ( racismo,
interculturalidad, globalidad).
No
deja de ser una mirada cercana a su esencia, a su universo
temático (relaciones familiares, la iglesia, la justicia,
las relaciones humanas) que explosiona en un final abrupto y
violento de forma inesperada y, también, conciliadora por la
trayectoria vital del ex combatiente que crece
emocionalmente conforme avanza la película hasta llegar a la
redención
marginando todo tipo de prejuicios que pudieran resultar
reaccionarios.
En definitiva, no dejen de ver Gran Torino
por su magistral dirección e interpretación que nunca
decepcionan en el cine del maestro Clint, por su humor
destacable (relación con el sacerdote), por sus buenas
intenciones integradas en una historia llena de diálogos
sencillos que pueden resultar estridentes ( interpelaciones
malhumoradas constantes de Kowalski hacia los personajes que
habitan el film) y, no por ello menos importante, por la
partitura final compuesta y ensalzada por la mística voz de
Eastwood.
15/03/2009
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