El nuevo
trabajo del director francés Martin
Provost, después de Tortilla y
Cinema y El vientre de Juliette ambas con la
participación de Carmen Maura, se adentra en la curiosa y
trágica vida de Séraphine de Senlis, pintora
autodidacta en su poco tiempo libre que a principios del
siglo XX se gana la vida como limpiadora o lavandera, y que
en uno de sus trabajos conocerá al que será su descubridor,
el marchante alemán Wilhelm Uhde, que consagró a nombres
como Picasso o Rousseau.
Séraphine
noes un biopic dramático sobre la
vida de un artista, si no que con acierto va más allá,
hace un recorrido lineal acompañando al personaje en sus
distintas etapas buscando mostrar su peculiar mundo interior
y profundizando en el proceso de creación de una artista
adelantada a su tiempo e incomprendida y marginada por la
gente que le rodea.
Provost,
también guionista del film, demuestra su buen hacer haciendo
un meticuloso y sobrio trabajo que describe los procesos de
inspiración de la artista, claramente influenciada por su
amor a la naturaleza y su férrea creencia en la fe, con
pasajes brillantes como la descripción de su método de
trabajo o los recursos utilizados por una persona sin medios
y sin ningún tipo de formación para conseguir los colores
por ejemplo.
Sin duda
la película crece con el
soberbio trabajo que hace la actriz belga
Yolande
Moreau, vista en films
como Amelie o Paris je t´aime, que dota al
personaje de numerosos matices y consigue levantar con su
interpretación los momentos donde la película decae.
Le acompaña con igual acierto el actor alemán
Ulrich Tukur(La vida de los otros) dando vida a Wilhelm Uhde
en quizás los mejores pasajes del film, donde se muestra la
sincera, tierna e incluso ambigua relación que se establece
entre ambos.
Gran triunfadora en la última edición de los
Premios
César con 7 galardones incluidos
película, actriz o guión, Séraphine es un film
brillante y arriesgado en su sobria propuesta que rinde un
sincero homenaje a una artista olvidada y a su obra.