Muchos se
pueden acercar a esta película intentando recordar la
titánica historia de amor que vivieron hace una década
los protagonistas de ambos films, pero se encontraran otra
historia de amor, escrita con la desolación y la amargura
que acompañan a los sueños rotos.
Sam
Mendes,
el director de uno de los más impresionantes debuts de la
historia del cine (American Beauty), vuelve a hacer
un retrato social, esta vez fijándose en la sociedad
americana de los años 50.
La
película es una adaptación de la novela de Richard Yates del
año 61 (recientemente publicada en nuestro país a raíz del
lanzamiento del film) que nos cuenta el sufrimiento de una
pareja que anhela lo que pensaron que serían mientras no
soportan ver en lo que se han convertido empujados por la
sociedad ante la incomprensión de los que les rodean.
El guión,
fiel a la novela, nos nuestra la vida de Frank y April, los
Wheeler, la pareja perfecta para los que les rodean y
para ellos mismos y lo hace a través de la verdad, sin
juzgar, sin sentimentalismos, mostrando una de las visiones
más tristes del matrimonio, que en Revolutionary Road, la
calle que lleva a su casa, empiezan a tomar caminos
distintos.
Kate
Winslet,
impulsora del proyecto donde embarco a su marido Mendes y a
Di Caprio, confirma que quizás sea la mejor actriz de su
generación, y es que en esta película, como en casi todas
las que hace, nos regala una interpretación memorable, llena
de emoción y fuerza. A
su
lado Leonardo Di Caprio hace quizás su mejor trabajo
dando vida al conformista Frank en un papel difícil y
complejo, donde confirma que ha logrado lo que muchos no
creían que lograría, convertirse en un gran actor.
Secundados
por actores reconocidos como Kathy Bates (Misery) o
Dylan Baker (Happiness) y por otros aún no conocidos
por el gran público pero a tener en cuenta como David
Harbour y Kathryn Hanh en el papel de los Campbell,
la sorpresa de la película la ofrece Michael Shannon,
con su breve papel de enfermo mental capaz de ver los que
parece que el resto no ven y que le ha valido una nominación
al Oscar.
Revolutionary Road
es una película amarga, triste y desoladora,
otro ejemplo del buen hacer de Sam Mendes, un retrato social
vigente a pesar de estar basado en una novela con más de 40
años, que atrapa al espectador mientras le golpea con el
recuerdo de sus propios sueños.