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29 de julio de 2008

La Fundación Juan March revisa el arte de la antigua URSS

La Fundación Juan March ha anunciado una de las más importantes exposiciones del año que, entre octubre y enero, mostrará unas 150 obras de los más diversos géneros –pintura, dibujo, escultura, fotografía, instalación– de 25 artistas, entre otros, de Iliá Kabakov, Érik Bulátov, Borís Mijáilov, Dmitri Prígov, Komar & Melamid, Iuri Albert, Andrei Monastyrski o de grupos como Acciones Colectivas o Hermenéutica Médica.

 

Madrid.- Entre 1960 y hasta 1991, los artistas que Borís Groys incluyera ya en 1979 bajo la denominación de "conceptualistas románticos moscovitas" vivieron y trabajaron en Moscú, la capital de la entonces URSS, en los márgenes del contexto cultural impuesto por las condiciones del sistema vigente en la Unión Soviética hasta 1991. O lo que es lo mismo: por las condiciones de una utopía efectivamente realizada según un plan artístico total.

En Europa y América, durante todo el siglo XX, las instituciones del arte —los artistas, los museos, el mercado, la crítica— han funcionado con la misma lógica —la de la "tradición de lo nuevo"— desde las vanguardias históricas hasta las prácticas postmodernas contemporáneas. El arte moderno ha sido un auténtico campo de experimentación, de destrucción de formas antiguas y creación de otras nuevas —pero el contexto ideológico, social y político de Occidente se ha mantenido prácticamente estable e independiente de él, dependiente de los principios políticos y jurídicos instaurados desde la Ilustración—.

En Rusia, en cambio, esa versión peculiar de la Ilustración europea en que consistió el materialismo dialéctico desplegó una totalizante praxis artística y estética que sustituyó al conocimiento de lo real por la transformación de lo real: "hasta ahora los filósofos han interpretado el mundo; de lo que se trata ahora es de transformarlo", reza la tesis de Marx sobre Feuerbach, todo un programa artístico cuyo material era el mundo entero, su tiempo la historia —y su producto el sistema soviético—.

Todos los rasgos de la institución arte bajo el régimen soviético se derivaban del hecho de la configuración de la vida soviética como una realidad artística e ideológica total. Ése es el mundo, extraño para el público de Occidente, "privatizado" por las prácticas artísticas de los integrantes del círculo de los conceptualistas románticos moscovitas, unas prácticas consistentes sobre todo en la reflexión sobre las condiciones en las que queda una cultura cuando un proyecto utópico triunfa y se mantiene como sistema político durante un largo periodo de tiempo.

Por medio de estas obras y un montaje provocativo, la muestra reconstruye la escena artística “no oficial” de la época, documentando la aguda reflexión sobre la totalizante ideología soviética por parte de una serie de artistas cuyas obras permiten una perspectiva sobre un programa artístico-político cuyo material quiso ser el mundo en su totalidad; su tiempo, toda la historia; y su producto, el sistema soviético.

Durante gran parte del siglo XX, esa fue exactamente la realidad vigente en la Unión Soviética, desde al menos 1922 hasta su disolución en 1991. Y, reflexionando sobre ella, crearon los artistas conceptuales de Moscú, durante las décadas de los 60 a los 90, su característica obra, trabajando en los márgenes de una sociedad y un contexto cultural definido exactamente por esas carencias. La Ilustración total. Arte conceptual de Moscú, 1960-1990, concebida y coorganizada por la Fundación Juan March y la Schirn Kunsthalle Frankfurt –donde la exposición está expuesta entre el 21 de junio y el 14 de septiembre de 2008– bajo el comisariado del mejor especialista sobre el tema, Borís Groys, ofrece, por primera vez, una presentación sistemática de todos esos artistas.

 

 

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